¿Quién quiere ser normal?

Bueno, bueno, no ha pasado ni un mes y vuelvo a escribir. Me estoy superando.

¡Buenos tardes a todos! Llevaba ya unos días queriendo sacar tiempo para escribir y hoy lo he conseguido, así que vamos a ello.

¿De qué va esto hoy? De la normalidad, la norma y lo normal.

Normal: Lo que se toma como norma o regla social.

[NOTA]: A partir de aquí veréis la palabra normal/normalidad repetida infinidad de veces. Siento repetirme más que el ajo, pero es necesario.

Hace ya tiempo, leí una editorial de Staffan Lindeberg que me gustó bastante: Who wants to be normal?

En ella se ponía de manifiesto, que hemos aceptado como normal, el hecho de tener un “riesgo alto” de sufrir enfermedad cardiovascular a partir de cierta edad. Staffan se preguntaba cómo es esto posible, cómo podemos aceptar un “riesgo alto” como normal cuando tal vez sería más coherente el “no estar en riesgo” como lo normal. En ella, también hablaba de la importancia de nuestros estilos de vida y concluía lo siguiente:

Nuestro concepto de normalidad obviamente depende de si creemos que estos perfiles de riesgo reciente (hábitos de vida actuales), pero comunes, son inevitables o no.” 

Hace poco, leía también un comentario de Yoni Freedhoff  y Kevin D Hall en Lancet sobre los estudios de dieta para bajar de peso, de la cual os copio y pego un párrafo que me gustó especialmente:

“La pregunta es: ¿por qué algunos individuos tienen más éxito que otros (en lo que a bajar de peso se refiere)? Cuando se trata de peso clínico, el éxito se basa en la adherencia dietética a largo plazo. Por lo tanto, necesitamos aumentar nuestros esfuerzos para entender las diferencias individuales entre los pacientes que tienen un efecto sobre el mantenimiento de la dieta y evitar su erosión.”… ” También necesitamos entender mejor cómo la familia, comunidad y sociedad en su conjunto pueden ayudar a apoyar y mantener estilos de vida saludables.

A simple vista y viendo este comienzo de post, puede que penséis:

¿Y esto?, ¿qué tiene que ver el riesgo cardiovascular alto como normal y la mejor compresión de lo que gira alrededor de los estudios de pérdida de peso?

Pues tienen mucho que ver y hoy os voy a hablar de ello.

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La normalidad.

¿Os habéis parado a pensar alguna vez la cantidad de hechos que aceptamos como normal hoy en día? ¿y si no fuesen lo normal en realidad? ¿y si hubiese otra normalidad real que se ha visto desplazada ante tales hechos?

Cuando leí la editorial de Staffan que os comentaba al principio, pensé:

“Aceptamos un alto riesgo cardiovascular como normal, porque en nuestra vida cotidiana hemos aceptado los factores de riesgo como la norma.”

Una vida llena de factores de riesgo nos hace tener un alto riesgo cardiovascular cuando llegamos al final del tramo, ES NORMAL.

Desde que nacemos vivimos una normalidad que no es la que debería ser. Que oye, yo no sé qué debería ser y qué no. Pero tengo claro que este estilo de vida que hemos decidido aceptar en la sociedad actual como el normal, no lo es. Vamos a ver algunos ejemplos de lo que os digo:

1.Durante los primeros pasos…

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Lo normal es que lo de la izquierda se criminalice y lo de la derecha se aplauda.

Cuando nacemos lo normal es que se nos de lactancia materna durante periodos cortos o incluso que no se nos de. Porque claro, las fórmulas de hoy en día “tienen lo que necesitamos“, ¿no?. Tú que sabrás, biología humana.

Otra cosa que es del todo normal es el rechazo de que se saque un pecho para alimentar a un niño, mientras que sacarlo para exhibir un bonito cuerpo es lo más. (¡Dónde va a parar!)

No quiero pasar esta etapa sin mencionar esos productos hechos con ingredientes de pésima calidad, que se venden con alegaciones tan perversas como “sin porquerías” (¿el resto sí tienen porquerías? ¿”sin porquerías” un producto hecho con harina refinada, azúcar y aceite de palma? ¡TUS GANAS LOCAS!) y que a todo esto, se toman con total normalidad.

2.Durante la infancia…

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Lo normal es que 1 de cada 3 personas de 2 a 24 años, tenga problemas de peso (Estudio EnKid).

No sé si lo sabréis, pero lo normal es que nuestros hijos hoy en día vivan 10 años menos que nosotros. Porque claro, siendo subcampeones de Europa (detrás de Reino Unido) en obesidad infantil, ¿qué esperabais?.

Pero, ¿qué ha pasado? ¿cómo hemos llegado a esto? ¿qué nos ha llevado a ser subcampeones en obesidad infantil? Pues parece ser que muchas cosas. Podéis empezar por preguntarle a la hija de Rajoy, por ejemplo.

Excesivos anuncios sobre comida basura en la televisión, esa a la que muchos se pasan el día enganchado, pues tampoco ayuda mucho, la verdad. Pero, ¿y cómo es posible? ¿estos anuncios destinados a los niños no se regulan?. Pues no. Aunque existe un codigo de AUTORREGULACIÓN, al cual llaman PAOS. Personalmente prefiero llamarlo PENOSO. Su existencia y nada, como podéis imaginar, es lo mismo.

Pero no creo que este panorama que os presento sea fruto de una mala alimentación (únicamente). Creo que ya desde pequeños encontramos un estilo de vida en su conjunto (sedentarismo, mala alimentación, estrés emocional…), que se encuentra alterado y que preservamos hasta la edad adulta. Aunque claro, nosotros lo entendemos como lo normal

3.Durante la adolescencia…

 

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Lo normal es pasar la mayor parte del tiempo sentado, encerrado y con estrés.

Cuando somos adolescentes da comienzo algo nuevo que aceptamos como normal: La presión social por alcanzar el éxito.

Este éxito del que os hablo puede estar enfocado a alcanzar cierto “ideal” de aspecto físico, a conseguir cierta nota en los exámenes o a ser popular y competir por obtener un mayor número de followers o likes en las redes sociales.

Porque claro, el éxito no se encuentra en gozar de una salud de hierro, en estudiar lo que te guste o en disfrutar de tus relaciones sociales, ya sean virtuales o reales (MEJOR estas últimas). Normalmente esto está en un segundo plano. Lo primero es lo primero.

Pero sigamos.

4.Durante la vida adulta.

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Lo normal es “hacerlo bien”.

Después de un recorrido como el que hemos visto hasta ahora, la edad adulta no nos deja indiferentes.

¿Lo normal en esta etapa? Tener un trabajo que no nos apasione pero nos dé de comer. ¿Comer qué?…

Pues lo normal viene siendo: comer productos procesados y no comida Productos cuyo tamaño no deja de crecer, a todo esto.

Por si fuera poco, comer con azúcar embotellado cada vez es más normal. Menos normal es tomar AGUA (“¿Agua?¿Como la del water?“).

Pero ya somos adultos, estaremos al menos concienciados y preocupados, ¿no? ¿nos preocupa comer mal?. Pues no parece, no. Nos preocupa tener más peso del normal. ESO SÍ. Sobretodo durante ciertos periodos del año. Luego en las vacaciones, es otra historia.

Ya sabéis, las navidades, con sus turrones, polvorones y bombones que duran en las estanterias de los supermercados 5 veces más de lo que duran las fiestas. Todo el mundo sabe que dentro de las navidades, hay ciertos días que son sagrados: La cena de nochebuena, la comida del día de navidad, la nochevieja, el año nuevo y el roscón de reyes (seguro que alguno más se me escapa…). Esos días están para desfasar con la comida (no precisamente con la ensalada) y la bebida (no precisamente agua), como si no hubiese mañana. Luego ya vendrá la operación post navidad.

Eso sí, cuando llega la semana santa ¡que no nos la toquen! ¡que nos ponemos morados a torrijas y monas de pascua!. Ya luego si eso haremos operación bikini para llegar al veranito con un tipín de los buenos.

Aunque cuando llega el verano, todo se sabe. Cervecita fresquita en mano todo el día y en casa con el aire, que fuera hace mucho calor y nos puede dar un algo. Además, el sol es malísimo. Estamos mucho más seguros en casa comiendo helado y bebiendo una Coca-cola fresquita. Lo normal, vamos.

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Variación del peso durante los periodos vacacionales: ¿Quién quiere un peso estable todo el año pudiendo tener esta maravillosa montaña rusa? Fuente

Así somos. Así aceptamos ser. Siempre lamentándonos después de cada periodo vacacional por haber ganadado peso. Pues al fin y al cabo, el peso lo es todo.

Y hablo de peso, porque eso de masa grasa (grasa) o masa magra (músculo), está sobrevalorado. Lo que se quiere es un “peso normal” o “ideal“.

¿Salud? No, aquí no es. Pruebe en la siguiente sociedad.

Al final, nos sacrificamos, nos esforzamos y hacemos cambios en nuestra forma de vivir. En nuestra alimentación, en nuestra actividad física. En todo. Sólo por bajar de peso. La SALUD nunca es el objetivo, EL PROPIO CAMBIO NUNCA ES EL OBJETIVO. Son sólo un canal hasta llegar a nuestra meta: EL PESO.

Por ESE PESO, nos preocupa más si un alimento engorda o no y lo único que queremos saber es con qué ejercicio se queman más calorías.

Porque claro, las calorías lo son todo. Densidad nutricional, saciedad, impacto hormonal

!BAH, A MI DIME CUANTAS CALORÍAS TIENE ESTO Y AU!

Luego que se le ocurra a alguien con un peso normal comerse una ensalada en lugar de unas patatas fritas o una pieza de fruta en lugar de una natillas, que en seguida aparecerá un dedo señalando al grito de:

¡¿ES QUE ESTÁS A DIETA?! ¡PERO SI TU YA ESTÁS FLACO!

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¿Cuando llegará el fin de la dieta? ¿Cuando apostaremos por el cambio de hábitos?

Esta frase está plagada de realidad y normalidad a partes iguales.

Dieta. La maldita dieta. La dieta a ojos de cualquier persona se define como:

Sufrir durante un tiempo comiendo cosas sanas insípidas con el objetivo de perder peso.”

Definición de la que rescataría 3 aspectos:

  1. Tiempo: Las dietas tienen fecha de caducidad (por eso no funcionan a largo plazo). Es por ello que entendemos como normal que tengamos al peso en una montaña rusa durante todo el año. Hay periodos en los que hay que disfrutar y hay periodos en los que hay que sufrir. TODO OK
  2. Cosas sanas insípidas: Solemos asociar el comer saludable a comer sin sabor. Poco aceite, todo a la plancha y hervido. ¡Ni se te ocurra disfrutar! Todo sea por ese ansiado peso. Disfrutar del cambio alimentario no es lo normal (#NoPainNoGain).
  3. Perder peso: Lo mismo de antes. El peso es la meta de todos nuestros cambios. Es el fin último. Si estoy “flaco”, el resto no importa.

Como habéis podido ver, lo importante hoy en día durante la edad adulta es ponerse a dieta para estar flaco, entendiendo que hay ciertas épocas del año en las que vamos a ganar peso. Entonces, ¿qué alimentación llevamos durante el resto del año? La normal en nuestra sociedad, ya sabéis, OCCIDENTAL.

Come poco y sin sabor hasta conseguir ese peso ideal y si ya lo tienes !come lo que quieras!. Total, de algo nos tenemos que morir, ¿no?. -Esta es nuestra máxima-

Pero, ¿y cuando nos llega la enfermedad? ¿recurrimos ahí al cambio de alimentación, al cambio de estilo de vida? Me temo que no. Al igual que ocurría con la obesidad infantil, nos gustan las 2º posiciones y por ello somos también subcampeones en el consumo de fármacos. Nos tomamos la pastilla y seguimos a lo nuestro. Cronificamos enfermedades en lugar de intentar ponerle cura. Es mucho más cómodo. Mucho más normal.

Este panorama es lo que normalmente te encuentras en la sociedad actual. Y estoy hablando principalmente de alimentación (sesgo de profesión, ya sabéis), pero, ¿qué hay del resto de cosas?.

Nuestra concepción de salud es sumamente simplista en este sentido:

DIETA + EJERCICIO = PESO BAJO = SALUD

En realidad hay muchos más factores en juego que muchas veces, incluso nosotros, los profesionales sanitarios, dejamos pasar por alto: estrés, ritmos circadianos, factores culturales, factores socio-económicos, sociabilización, exposición solar, genéticaTODOS ellos van a determinar en gran medida que tengamos una buena salud.

¿Por qué pensamos todavía en dietas y no en cambios alimentarios permanentes? ¿Por qué pensamos en hacer + ejercicio en lugar de los beneficios que nos pueden aportar distintas modalidades? ¿Por qué no pensamos en cómo promover todo lo anterior y en el caso de no poder hacerlo, en cómo destruir las barreras que nos lo impiden?

Tal vez la clave sea algo mucho más profundo. Nos estamos quedando en la superficie.

Tal vez deberíamos trabajar por acabar con las desigualdades sociales y económicas, que al fin y al cabo, son una de las claves para que todos tengamos el mismo número de oportunidades a la hora de llevar a la práctica todo lo anterior.

Tal vez por eso no funcionan las dietas y por eso hemos aceptado un alto riesgo cardiovascular llegados a cierta edad. Tal vez por eso Freedoff y Hall hablaban de indagar en los condicionantes sociales. Tal vez el problema de que nos encontremos con este panorama sea el haber aceptado como NORMAL un modelo de sociedad focalizado en el placer del hoy y no en la salud del mañana. Focalizado en el TRATAMIENTO y no en la PREVENCIÓN. Tal vez sea el momento de empezar (o seguir) a cambiar las cosas. Como cada uno pueda. En la medida que pueda.

Tal vez sea el momento de preguntarnos:

EN UNA SOCIEDAD COMO LA NUESTRA, ¿QUIÉN QUIERE SER NORMAL?

Yo desde luego, NO. ¡Luchemos por una normalidad diferente! 😉

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Y vosotros, ¿qué pensáis hacer al respecto?

 

[Álex Oncina, Dietista-Nutricionista]

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8 pensamientos en “¿Quién quiere ser normal?

  1. Estoy de aceurdo en lo que dices de que aceptamos por comida sana, algo que no lo es (no le des chucherías al niño! toma hijo, una galleta), aunque no estoy de acuerdo cuando dices que las desigualdades socioeconómicas nos llevan a este desastre alimentario. Comer sano no es prohibitivo, y aunque comer MUY sano sí puede ser más caro, comer mejor es siempre posible.

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    • Hola debajodealba,
      Lo primero, gracias por pasarte y comentar.
      Respecto a lo que me comentas. ¿Cuándo he dicho que las desigualdades socioeconómicas nos han llevado a este desastre alimentario? Cito textualmente mis palabras:
      “Tal vez deberíamos trabajar por acabar con las desigualdades sociales y económicas, que al fin y al cabo, son una de las claves para que todos tengamos el mismo número de oportunidades a la hora de llevar a la práctica todo lo anterior.”
      Rescato última parte: TODO LO ANTERIOR. No estoy hablando de alimentación sólo. Como has podido leer líneas más arriba, no creo que nuestra salud sea alimenta-dependiente. Analicemos el resto de cosas. ¿De verdad crees que un nivel socieconómico bajo no va afectar de forma alguna a los niveles de estrés? ¿a las horas de descanso? ¿a la actividad física? ¿a las condiciones higienico-sanitarias en las que se vivan?¿de verdad lo crees? Yo no. No lo veo, lo siento.
      Una persona con un bajo nivel socio-económico-educativo (ya que nos ponemos), en nuestra sociedad, ni de coña va a tener la misma calidad de vida (y salud, mucho menos), que el resto.
      Por otra parte afirmas que “comer sano no es prohibitivo”. ¿Prohibitivo comparado con qué, exactamente? Porque la comida basura es sumamente barata. En el Mc Donalds por 3 € tienes una Coca-Cola, 9 nuggets y una hamburguesa. 3€. Que oye, con 3 € puedes comprar comida sana, claro que sí.
      Pero ponte en el lugar de una persona con bajos recursos, con escasos conocimiento y con hambre, el cual se encuentra en una sociedad dónde cada kilometro a la redonda hay un McDonalds y por en medio multitud de pancartas con propaganda del mismo. ¿Te vas a ir a una verduleria a por espinacas? ¿Vas a ir luego a cocinarlas (si sabes)? ¿En serio? No lo creo. Eso no es real. Cuando el hambre aprieta y los recursos escasean, lo rápido (10min de espera aproximadamente), cómodo (sin moverme del mostrador de espera) y rico (acaso me vas a comparar una hamburguesa con unas espinacas? tu paladar lo tiene claro, vamos) gana por goleada.
      Me reafirmo al decirte que las desigualdades sociales nos llevan a este, y muchos otros desastres. Que no queramos verlo no significa que no pase.
      ¡Un saludo!

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      • Pero eso no vale! Me lo has cambiado. Si metes la educación por medio sí. Una persona con menos conocimiento lo tiene todo más difícil, y aunque yo soy una ilusionista que creo en la enseñanza pública gratuita, aún no tiene la calidad que debería.
        Si te parece voy a tomarme la licencia de centrarme en España. 1 millón de familias acuden a cáritas a diario. Seguramente haya gente en peores situaciones, pero por tomar una referencia. A cáritas se llevan kilos y kilos de arroz que no es lo peor que puedes comer y caro…pues si compras el ecológico sí, pero el normal…aderezándolo con unos ajos y un aceite mediocre se puede convertir en una comida muy sana, y si le sumas un huevo frito por hijo además está riquísimo. Un plato de este tipo que llena y, admitámoslo, no son verduras cocidas hasta la extenuación sin ningún tipo de sabor, cuesta 2€ (incluyendo el porcentaje de electricidad utilizado para cocinarlo). ¿Cuántos cursos de cocina hacen falta para cocer arroz y hacer huevos fritos?
        En mi familia nunca ha habido escasez, pero tampoco estábamos boyantes y nos mantuvimos 3 personas dedicando 10.000pta al mes en alimentarnos. Y te aseguro que mucho mejor que mucha gente. El nivel de educación más alto de la familia era un curso de francés hecho en el Centro de Idiomas de Madrid (ya desaparecido)
        ¡Ojo! Estoy de acuerdo en que no hay mejor cosa que trabajar por mejorar la línea base de educación, pero si tras arduas discusiones lo único que se consigue es esto: http://www.efesalud.com/noticias/estilos-de-vida-saludable-nuevas-recomendaciones-de-la-piramide-nutricional-senc-2015/
        me dan ganas de volverme pesimista de repente.

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      • ¿Qué te he cambiado exactamente? Hasta dónde yo sé, si no tienes recursos económicos, no los tienes para nada. Ni para estudiar. Por lo que cuanto menor sea tu nivel socioeconómico, menor será el nivel de educación que recibes (o al que tienes acceso, estudiar no es precisamente barato -sin becas-): file:///C:/Users/Alex/Desktop/GDFGD.jpg
        El ejemplo que me pones del arroz con el huevo frito. Aún con las pegas que yo le veo (¿arroz blanco? pobre nutricionalmente hablando, ¿huevo frito? bye bye nutrientes, ¿con qué aceite? Aove no creo -dado su precio-, por lo que nada interesante freir…), podría darlo por bueno. El caso es que, en cáritas, ¿sabes qué hay también mucho porque es muy barato? Galletas, bolleria, zumitos, Cola-Cao. Y cuando digo mucho, digo mucho.
        Llámame tiquismiquis, pero estoy seguro que la mayor parte de la dieta de una persona sin recursos está basada en procesados. Te repito lo del anterior comentario. El problema no es que sea caro comer sano. El problema es que es demasiado barato comer mal. Si a eso le sumas, la ACEPTACIÓN SOCIAL por comer mal (está mejor visto desayunar un Cola-Cao con galletas que un aguacate, que por cierto ¿qué es más barato?), el EXCESIVO MARKETING (cuántos anuncios se pueden ver en la tele del aguacate y cuantos de galletas o de Cola-Cao¿?) y como no, la PALATABILIDAD (Son dos ligas diferentes, ¡dónde va a parar!), creo que lo NORMAL, es que si tienes bajos recursos económicos tengas una mala dieta (y el resto de cosas, repito, que la alimentación no lo es todo).
        Me alegro que en tu caso tuvieseis la oportunidad de comer bien, aún con las limitaciones económicas que me comentas. Por desgracia no creo que sea la norma e incluso me aventuraría a decir, que eres la excepción (algún caso más habrá, lo sé xD).
        Por si te interesa, te dejo un par de artículos sobre el tema, para que veas que la literatura también se ha hecho eco de lo que te digo:
        1. http://frac.org/initiatives/hunger-and-obesity/why-are-low-income-and-food-insecure-people-vulnerable-to-obesity/
        2. http://www.safefood.eu/SafeFood/media/SafeFoodLibrary/Documents/Publications/Research%20Reports/Full-report—Food-on-a-low-income.pdf
        3. http://ajcn.nutrition.org/content/87/5/1107.full
        4. http://www.andjrnl.org/article/0002-8223(94)92467-8/abstract
        Si no tienes acceso a alguno de los últimos, dame tu correo y te lo paso sin problemas.
        En lo que respecta a la educación, estoy totalmente de acuerdo contigo (en algo teníamos que coincidir :P). ¡Ánimo! ¡Que tenemos que seguir al pie del cañón por cambiar las cosas!

        ¡Un saludo!

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